CÓMO COMBATIR LOS PROBLEMAS DIGESTIVOS POR NERVIOS


Millones de personas sufren lo que se denominan trastornos funcionales digestivos, alteraciones crónicas que aparecen sin causa aparente y que, en la mayoría de ocasiones, están muy ligadas a problemas emocionales, como el estrés. Aunque hay fármacos que pueden aliviar los síntomas, para erradicar el problema, es necesario cambiar algunos de nuestros hábitos.
Diarreas antes de un examen, sensación de tener un nudo en el estómago al hablar en público...quien más quien menos ha sufrido este tipo de síntomas ante una situación de estrés. Por esta razón, al estómago también se le llama "el segundo cerebro", ya que hay una gran conexión entre las emociones y el funcionamiento digestivo. No en vano ambos órganos utilizan el mismo neurotransmisor: la serotonina (también conocida por el nombre de hormona del bienestar) cuyo déficit puede provocar igualmente, problemas psicológicos (estrés, ansiedad, depresión...) y digestivos (colon irritable, acidez, colitis...).

LAS MOLESTIAS MÁS FRECUENTES
Investigaciones recientes han demostrado que el estrés ralentiza el vaciado del contenido del estómago al intestino (dificultando la digestión) y, al mismo tiempo, acelera el tránsito al nivel del colon (provocando diarreas, entre otros síntomas). Estas son las molestias digestivas más relacionadas con la tensión nerviosa:

Síndrome del intestino irritable
Es un conjunto de síntomas que aparecen como consecuencia de un mal funcionamiento crónico del intestino. Suele causar dolores abdominales, gases, episodios de diarrea y/o estreñimiento, etc. Se trata de un trastorno funcional, es decir, que no obedece a ninguna causa orgánica detectable, por lo que es difícil de diagnosticar.
Dispepsia
También conocida por el nombre de indigestión, las personas que la sufren tienen la impresión de que su sistema digestivo funciona lentamente. Provoca síntomas como dolor en la parte superior y central del estómago (retortijones), ardor, hinchazón estomacal por la presencia de gases, pesadez, acidez, náuseas, vómitos, eructos frecuentes...Es habitual que los síntomas se acentúen durante épocas de estrés.
Acidez
Es un reflujo ácido que sube desde la boca del estómago hacia la garganta. Se trata de una dolencia que está muy relacionada con la dispepsia (en el 50% de los casos se padecen de forma simultánea). Suele agravarse tras una comida copiosa y con la presencia de una hernia de hiato.
Gastritis
Se trata de una irritación de la mucosa del estómago producida por un exceso de secreción ácida. Las comidas fuertes, la toma de medicamentos antiinflamatorios o una bacteria gástrica llamada Helicobacter Pilory agudizan todavía más los síntomas.

QUÉ HACER
Cuando nos encontramos ante estos síntomas, lo primero que debemos hacer es acudir a la consulta del especialista para descartar la presencia de alguna causa física que los provoque. Cuando no hay ninguna, esta serie de recomendaciones, puede mejorar los síntomas.
Tranquilizantes Naturales
Las infusiones de plantas naturales además de resultar digestivas, te ayudarán a calmar los nervios, como la tila, la manzanilla, la albahaca, la rosa silvestre, y el lúpulo, entre otras. Sustituye el café por la infusión de alguna de estas plantas y te sentirás mucho mejor.
Comer Con Calma
Es importante realizar nuestras comidas en un ambiente tranquilo y agradable, sin prisas y sin nada que nos distraiga (televisión, lectura, etc.). Mejoraremos la digestión y evitaremos el riesgo de sufrir problemas estomacales.
Buenas Digestiones
Tras las comidas, es necesario evitar los esfuerzos (como la práctica de deportes de intensidad alta), pero tampoco es conveniente estirarse en la cama o en el sofá (aumenta el riesgo de reflujo). Una actividad normal o un breve paseo es lo más adecuado. Tras la cena, hay que esperar un mínimo de dos horas antes de irse a dormir.
Deporte
La práctica habitual de ejercicio suave (caminar, nadar, ir en bicicleta, etc.), además de combatir el estrés, nos ayudará a prevenir el estreñimiento y puede aliviar el dolor abdominal.
Mejorar Hábitos De Sueño
Dormir poco o hacerlo de forma poco reparadora puede influir negativamente en este tipo de trastornos. Por esta razón, se aconseja tener pautas fijas de sueño (acostarse y levantarse siempre a la misma hora) y dormir un mínimo de 7-8 horas al día.
Relajación
Todo aquello que permita desconectar del estrés diario y recuperar la calma puede ayudarnos, desde practicar yoga a taichi, pasear al aire libre, escuchar música o leer un buen libro.

CÓMO FACILITAR LA DIGESTIÓN
Si tienes las digestiones lentas y pesadas, estos consejos te ayudarán a agilizarlas y evitar molestias como gases, dolor, etc.
Horario fijo. Realiza las comidas principales siempre a las mismas horas. Lo ideal es hacer cinco comidas al día (las tres principales y dos tentempiés a media mañana y a media tarde). Evita, sin embargo, el picoteo, ya que sometes al estómago a un sobreesfuerzo.
Temperatura. Los platos fríos (ensaladas, ensaladillas...), sobre todo si se toman al principio, como entrante, resultan díficiles de digerir. Es mejor empezar por una comida tibia o caliente.
Alimentos y comidas indigestos. Se trata de preparaciones demasiado grasas o especiadas, el alcohol, los condimentos ácidos (vinagre, limón...), las bebidas gaseosas y/o azucaradas, etc.
Cocidos, mejor que crudos. Si tienes el estómago delicado, debes cnsumir las hortalizas y verduras mejor cocidas que crudas. Lo mismo podemos decir de la fruta. Si te resulta indigesta, puedes tomarla en compota.
Masticación. Si los alimentos llegan al estómago convenientemente masticados, la digestión resultará más fácil. También es importante ensalivarlos bien, ya que la saliva contiene una enzima que ayuda a digerirlos.

¿Sabías que...
La respiración abdominal es una forma de respirar muy útil para relajar los nervios y aliviar los síntomas producidos por dolencias como trastornos digestivos y problemas intestinales. Observa cómo se hace...
Colocación. Para realizar la respiración abdominal, debemos estar cómodos, ya sea estirados sobre una superficie no demasiado blanda, sentados sin apoyar la espalda o de pie. Se aconseja cerrar los ojos para conseguir una mayor concentración.
Técnica. A continuación, colocaremos la mano izquierda sobre el pecho y la derecha sobre el abdomen e inspiraremos lentamente, intentando levantar el diafragma. Sabremos si la respiración es abdominal si la mano derecha sube y baja lentamente. Si lo hace la mano izquierda es señal de que no lo hacemos correctamente.
Duración. Para relajar el estómago, realizaremos entre 10 y 15 respiraciones completas. Una vez finalizado el ejercicio, podemos masajear la zona abdominal con la yema de los dedos.

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